Llevo el mismo tiempo dedicado a pintar que a escribir, tan solo que a este último todavía lo escondo y como hijo consentido, exige de mí el tiempo más exquisito, la voluntad más dócil y una atención celosa.
Escribir supone dejar mucho de uno mismo en un papel blanco de contenido y forma, una exposición en toda regla a la espera de la valoración buena o mala del que lee. Sin medias tintas ni escalas.
Siempre he evitado exponerme si he podido evitar (me) lo. Soy persona de buscar sombras en multitudes y empaparme de luces en soledad, pero este es mi escaparate y aquí me luzco.
Escribo cuentos, pocos y cortos aunque intensos, o así quiero creerlos. Este del que os hablo es uno de ellos: La jardinera de la luna. El solo título me resulta evocador… ¿pasará la criba del editor? Puede que sí, puede que no. Sin medias tintas ni escalas. Pero ya está escrito e ilustrado.
De aperitivo, algún párrafo:
“(…) En la cara oculta de la luna hay un jardín. Un jardín de estrellas.
Las condiciones que allí se dan son las idóneas, pues se necesita lo oscuro para brillar. También el frío. Allí la oscuridad y el frío abundan.
Yo soy su jardinera.
El jardín de estrellas no requiere de mucho espacio, en la primera etapa son suficientes una docena y media de macetas de barro que tengo colocadas sobre una mesa blanca de madera heredada de mi abuela. Una vez crecidas, las trasplanto fuera, al jardín. La casita del jardín es coqueta. Bastante pequeña. Solo tiene una habitación y once ventanas con cortinas de tul amarillo. La puerta es alta y pesada, pintada de gris oscuro y manchas crema. Hay una chimenea de ladrillos rojos gastados en la que siempre prende fogosa una lumbre que caldea el ambiente. En la repisa apoyado un cuadro al óleo. Un barquito minúsculo en un vasto océano surca el agua abrazado al viento. Un cuadro bonito y tremendamente evocador. A su lado, un jarrón de cristal con hortensias.
Adoro las hortensias. Yo soy jardinera, ¿sabes? Por eso me gustan las flores aunque me den alergia (…)”
Las ilustraciones que acompañan al texto son meros instrumentos de apoyo, más bien de insinuación. Soy generosa en la descripción y me gusta que sea quien lea quien pinte el escenario. Pensar que de mis palabras concretas se dibujen mundos tan dispares me apasiona, pero mientras no esté publicado, aquí os muestro algunas ilustraciones que pintan ese jardín mío oculto en la luna.


Qué pinta tan bonita tiene este cuento ¡Qué alegría! :)) Y qué mágico que cada cual creemos en nuestra imaginación un mundo al leer, si que es verdad. Me ha encantado que tan solo sugieras con los dibujos, qué ganas de verlos todos juntos. Quedará precioso. Y al mostrar lo que escribes si a ti te ha emocionado, más que valoraciones, espera eso: emociones. Ya verás como no falla 😉 Espero que sea el primero de muchos, tienes mucho que contar…
¡Gracias por tu comentario bonito Virginia! Ojalá podamos coleccionar libros la una de la otra y emocionar y emocionarnos. Muchos besos
Haces que desconecte de todo y vaya creando un escenario a medida que voy leyendo. Me encanta!!
Estoy deseando tener un libro en mis manos y sorprenderme al ir pasando las hojas. 🙂
¡Gracias Tamara! Ojalá sea pronto
Hace solo unos días que he descubierto que además de pintar, escribes.
Me parece fantástico que hayas encontrado en estas dos formas de expresión una ventana para mostrar al mundo lo bonita que eres por dentro (y por fuera también,Ojo!! )
Te deseo la mejor de las suertes, estoy deseando asomarme y ver más cosas tuyas.
Aprovecho para mandarte un achuchon de los gordos.
¡Qué bonito lo que me dices, Pili! Muchas gracias.
Creo que estamos las dos conectadas ahora mismo a la página. Mira que es complicado que coincidamos de verdad y justo aquí sucede…
Te mando un beso enorme de vuelta