Después de un tiempo…
Volver a asomar la cabecita por aquí.
Sin vergüenza, ni remordimiento ni tampoco agobio.
Escribir siempre me sana. Me sana de heridas que ni siquiera yo soy consciente que estén ahí conmigo, se asemejan a las grietas que aparecen en paredes viejas y en cuadros aún más viejos que las paredes que los sostienen.
Son grietas que no levantan sospechas. Son heridas que más bien asemejan cicatrices secas.
Ambas no evocan por qué ni cuándo ni dónde. Ambas se aceptan.
No sangran ni duelen y tal vez por eso no se les reprenda: no son escandalosas, no chillan ni tampoco exigen atenciones. Incluso puede que engrandezcan si cabe más la obra y el cuerpo, les otorga peso. El peso de los años. El inevitable paso del tiempo.
¿El tiempo causa la herida o es la herida el tiempo?
Ay, el tiempo. A veces no me agobia, lo acepto como compañero de viaje y por tanto amigo.Otras veces se me antoja tramposo jugando una partida ya amañada y otras, semeja un sabio profundo de verdades y paciencia.
Puede ser desagradable, impetuoso y hosco; desgasta pero también modela. Ni a favor ni en contra.
El tiempo puede ser una fracción corta, la espera a que llegue aquello que nos pone nerviosa o un periodo largo en el que nacen nuevos estilos y viven especies extintas y crecen y caen estrellas. Abarca poco, abraza mucho.
El tiempo está ahí para todo lo que fue, lo que hoy vive y aquello que está por llegar.
El tiempo es todo y se nos olvida.
Mejor así, pues la conciencia de su constante tic tac corrompe la cordura.
Me olvido del tiempo como de mis heridas.
Los cuerpos están rotos, por fuera y por dentro.
Heridas hay a la vista: cosidas, amputadas y rasguños y cicatrices y marcas. Y hay heridas que se esconden, más latentes y más esquivas.
Heridas que sanan solas y otras que se curan en compañía. Otras que se tapan y otras que se gritan al viento y que son escuchadas o que devuelve el eco.
Las heridas también son todo. Por ellas somos.
También son sabias y engañosas, desagradables y hoscas. También desgastan y modelan.
Las heridas las cura el tiempo y el tiempo hiere.
Bálsamo y daga.
Escribir me sana porque escribiendo nace quien de verdad soy.
